Apegarse a algo o a alguien es sinónimo de aferrarse a la creencia de que algo o alguien concretos colmará nuestra existencia. El apego nos matiene vivos. Nos induce a luchar para conservar lo que ya tenemos o para conseguir lo que deseamos. Pero en ocasiones también puede dejarnos en punto muerto, dando vuelta y sin llevarnos a ninguna parte.
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viernes, 7 de enero de 2011
Enamorarte de alguien que nisiquiera sabe que existes no es el fin del mundo.
De hecho es todo lo contrario. Casi como entregar un examen que sabes que has cagado y, sin embargo, disponer de ese periodo de tiempo en el que todavía no te han dado la nota. La clase de alivio que te da no haber sido rechazado, aunque sabes muy bien lo que pasará al final.
El Destino es el mejor mecanismo de defensa.
Ofrece el consuelo de que existe un orden en el universo y ahorra mucho tiempo y esfuerzo explicando lo inexplicable, sobre todo a uno mismo. Estaba dejando de ser una excéptica para convertirme gradualmente en una creyente. Sin duda era mucho más fácil, y lo que era más importante todavía, me resultaba más ventajoso. Creía porque tenía que hacerlo.
¿Cómo saber?
¿Cómo saber si no es más que una fantasía o un sueño absurdo, un delirio producto de tu mente? No hay ensayos generales en la vida y aún menos en el amor.
Que pase lo que tenga que pasar.
Creer en ello puede ser bueno y no tan bueno. Puede servir de consuelo cuando nos cuesta asimilar o dar explicación a un suceso. Pero también puede desposeernos por completeo de toda voluntad, pues nos exime de resposabilidad. Si todo sale a pedir de boca, entonces el empeño para conseguirlo habrá sido inútil porque lo que fuera tenía que pasar de todas formas, con o sin nuestra intervención.
jueves, 6 de enero de 2011
jueves, 2 de diciembre de 2010
Te quiero
Últimamente, era cada vez más necesario para mí uno de sus abrazos cariñosos. Era como si con un solo abrazo pudiera calmar todo. No me había dado cuenta de cómo había echado de menos esos abrazos estos últimos días. Sus abrazos son de esos de los que te dejan sin aliento, de los que te hacen desear que no termine jamás, de esos de los que te duran dos días con esa sensación de que la vida vale la pena solo para esperar que ocurra el próximo.

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